04 febrero, 2007

La Mejor Forma de Gobierno y la Realidad


Me da la impresión de que mis apreciados conciudadanos de la ALCD, así como otros muchos que no conocen o no pertenecen a esa asociación, exasperados por la práctica política en nuestro país, piensan que un prerrequisito fundamental para una democracia avanzada es la completa separación de los tres poderes del estado conseguida mediante los mecanismos constitucionales oportunos.

Para ellos una parte fundamental de dichos mecanismos sería la forma republicana de gobierno y, más concretamente, la elección popular e independiente del legislativo y el ejecutivo; es decir un elección presidencial y otra parlamentaria separadas y en momentos diferentes, como ocurre por ejemplo en Francia o en Estados Unidos. Añádase un judicial también independiente y ya tenemos la fórmula ideal de gobierno.

Pero las buenas ideas deben ser cotejadas con la realidad. Hagámoslo:

A/ Ya escribí en una ocasión sobre como el rendimiento democrático de las monarquías es bastante bueno.

B/ A mayor abundamiento monarquías parlamentarias que durante décadas han sido consideradas ejemplares, como la Sueca, tienen exactamente el mismo sistema que nosotros: Los ciudadanos eligen al parlamento y este elige todo lo demás. Hay otros ejemplos.

C/ También hay repúblicas parlamentarias como Alemania Finlandia o Italia en las que el presidente es poco más que una figura simbólica con funciones de representación, como un monarca. Una vez más los ciudadanos eligen al parlamento y este al gobierno. Suiza, aunque se define como confederación en vez de república, tiene de facto un estructura que también es parlamentaria y un presidente que tampoco es electo.

D/ Hay estados presidencialistas con doble elección como la Federación Rusa, Zimbabwe, México y otras que no pueden ser consideradas un ejemplo para nadie.

Por tanto la evidencia empírica parece indicar que una república presidencialista no es condición suficiente ni tampoco necesaria para que en un país funcione una democracia avanzada.

Seguramente tienen que entrar en juego otros factores, tan importantes o más que la forma de gobierno, para explicar los puntos anteriores y porqué formas similares de gobierno producen resultados tan dispares o formas diferentes resultado tan parecidos. Lo que queda bien demostrado es que el que un país disfrute de una democracia avanzada no depende únicamente de su forma de gobierno concreta.

En cuanto a nuestro propio país y tal como está el patio, deberíamos meditar, en un ejercicio de política ficción, sobre hasta que punto sería gobernable con un presidente de la república al mando del ejecutivo que bien podría ser Aznar, por ejemplo, con un parlamento dominado por la oposición (sólo hay que imaginar que Aznar está en el cargo como presidente y sucede lo que de hecho sucedió en las últimas legislativas), o viceversa.

¿Estaríamos mejor que ahora mismo?. Yo por mi parte lo dudo.

Tendremos que plantearnos reflexionar sobre cuales pueden ser esos otros factores adicionales que le dan el punto de calidad deseado a una democracia.

También deberíamos preguntarnos si sistemas de gobierno que basan su 'corpus teórico' en planteamientos muy avanzados y muy correctos para aquella época, pero de pensadores de los siglos XVIII y XIX, pueden ser aún funcionales en el siglo XXI ¿no tendríamos que replantearnos las propias bases teóricas de todo esto? ¿no ha cambiado todo desde entonces? ¿no han aumentado nuestros conocimientos teóricos y prácticos sobre este asunto? ¿no disponemos ahora de instrumentos que no se podían ni imaginar en aquellos momentos? y sobre todo ¿no es nuestro mundo actual completamente diferente de aquel?

3 comentarios:

linus dijo...

Hola

No es exáctamente así. En la ALCD pensamos la mayoría que una correcta separación de poderes es uno de los factores necesarios para la democracia.

Pero lo que pensamos sobre todo en la ALCD, es en que el gobierno debe ser del pueblo. En Suiza poseen capacidad para propugar o derogar leyes y además, los ciudadanos son conscientes de ello y lo utilizan.

La separación entre ejecutivo y legislativo en una república puede ser más necesaria que en una monarquía, donde ya tienen jefe del estado, pero lo más importante es la separación con el judicial.

En cualquier caso, la forma final puede ser discutible, mientras seamos los ciudadanos lo que gobernemos.

Un saludo

linus dijo...

Hola de nuevo. Tengo algunas cosas más que decir.

Nunca he oido que Suecia, Alemania o Italia sean democracias ejemplares. En todo caso serán los suecos italianos o alemanes los ejemplares, no su sistema político. Que tapen los errores del mismo de una forma u otra no es cuestión de ejemplaridad. El caso de Alemania con todos esos pactos post-electorales, es una chapuza impresionante. Que les salga más o menos bien es otra cosa, relacionada seguramente con el caracter alemán.

Esto es también uno de los puntos de la ALCD. En efecto, un sistema democrático «perfecto» no garantiza absolutamente nada, aunque peor que lo que hay sería dificil.

En el caso de los españoles, no es que no seamos ejemplares. Somos muchísimo más. Somos alemanes, italianos y suecos a la vez, por lo que el sistema debe ser mucho más eficaz para gestionar todas esas tensiones.

Así que en ningún momento se ha dicho que sea condición única y suficiente la existencia de una república presidencialista para que la democracia existente sea «ejemplar». Se considera que desde un punto de vista «formal», esta es la forma más eficaz y adecuada para lograrla,lo que no asegura en efecto, que se consiga. De la misma forma, con otros sistemas distintos no se «condena» a un pueblo a ir fatal. Dependerá en definitiva, de ellos mismos.

Un saludo

Jesús Nava dijo...

Estimado Lagavulin:

Te propongo que edites este magnífico post y lo publiques en nuestro blog de la ALCD. Merece ser discutido, claro que sí. No es que esté de acuerdo contigo en todo lo que dices ahí, pero hay que romper ciertos tabúes referentes a la democracia, pues aunque se caracteriza por un único principio: el gobierno del pueblo, es decir, de todos los ciudadanos, permite muchas formas. Sólo unos cuantos fánaticos del republicanismo pueden creer que únicamente hay libertad y democracia con la forma republicana de Estado. Montesquieu, por ejemplo, prefería una Monarquía Constitucional, con separación de poderes incluida. Y dejó constancia de que la libertad política no era consustancial con la democracia. También Tocqueville, demócrata convencido, aunque no entusiasta, recalcó las ventajas indudables de esta forma de gobierno, pero sin dejar de advertir del peligro de la tiranía democrática.

No deberíamos olvidar, al menos yo no lo hago, que el fin del Estado es la libertad, y que el Estado democrático es el que puede garantizar, con los debidos contrapesos constitucionales, mejor que cualquier otro el máximo de libertad para todos. Por eso yo hablo de democracia CONSTITUCIONAL, para evitar la corrupción en el Estado y la dictadura de las mayorías. La democracia es un simple medio para un gran fin, pero no es un fin en sí misma.

Insisto: sería bueno debatir de estas cosas. Me parece genial que tú las hayas sacado a relucir. Demuestra que vas por libre y piensas por tí mismo, cosa que siempre es un placer advertir en otros cuando se vive para la libertad.

Saludos cordiales.